EL DEVORADOR DE PALABRAS DE MARC BERNARDIN

Devorador de palabras 021: Elegir lo que sigue

Tucán leyendo un cómic

Llega un momento en que todo escritor ha terminado de escribir lo que sea. Cuando has retocado la última frase, cuando has escrito la última nota, cuando ya no está en tus manos.

Ya has bebido tu whisky y has comido un filete de 50 dólares (la forma de celebrar la victoria sobre la página en blanco es cosa tuya; yo quiero alcohol y carne) y ahora es el momento de decidir qué es lo siguiente. Si escribes un libro mensual (o cinco), te encargas del siguiente número. Es muy sencillo. Mantén las vías delante del tren y haz que el calendario funcione.

Pero supongamos que te encuentras en la situación en la que no hace falta escribir nada, en la que nadie espera algo de ti al final de la semana para que tus socios creativos sigan trabajando. ¿Qué deberías escribir cuando puedes escribir cualquier cosa?

Si eres como yo, tienes una carpeta en algún lugar de tu disco duro con ideas sueltas. Fragmentos, retazos, pizcas de historias. (La mía se llama "Ideawerks". Eran los años 90, cuando Spielberg, Katzenberg y Geffen fundaron un estudio y yo tenía un Volkswagen y las Es traspapeladas molaban).

Todo entra ahí, todo. Hay cosas tan sólidas como tratamientos completos, a la espera de que llegue el momento de ejecutarlos, e ideas que apenas son fragmentos de frases: "Otelo pero con jazz" es una de las que probablemente se quede ahí durante un tiempo. Hay cosas que simplemente no son buenas: no todas las ideas son ganadoras y algunas probablemente deban quedarse en la carpeta.

Pero todas son necesarias. Son ideas que necesitabas tener y quitarte de en medio para dejar sitio a la siguiente buena. O son ideas que por sí solas son inútiles, pero pueden ser el tejido conectivo de otras dos ideas necesarias para formar los Tres Amigos de las ideas. Y creo que todos estamos de acuerdo en que los Tres Amigos de las ideas serían los mejores.

Para mí, lo siguiente que escribo es aquello en lo que no puedo dejar de pensar. Si hay una idea que no me deja en paz -en la ducha, durante el trayecto al trabajo, preparando la cena, jugando con mis hijos, afilando los cuchillos-, entonces pasa a ocupar el primer lugar de la pila.

Lo que está pidiendo ser escrito es lo que dará más jugo.

Pero atención: Perseguir tendencias es inútil. No escribas una cosa porque otra similar sea un éxito. Aunque el cómic tiene un periodo de incubación extraordinariamente corto (en comparación con otros medios), lo más probable es que cualquier tendencia que esté de moda hoy se desvanezca para cuando saques tu historia al mercado.

Sigue llenando esa carpeta. Escribe lo que te habla. Escribe lo que te insiste. Escribe lo que nunca puedas dejar escapar. El próximo gran proyecto en el que estoy trabajando fue una idea que tuve por primera vez en 1997. Nada muere nunca.


El Devorador de Palabras de Marc Bernardin aparece el tercer martes de cada mes aquí, en Tucán.

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